sábado, 30 de julio de 2011

Nos quejamos, y mucho

La gente se queja de absolutamente todo, y al decir la gente también me incluyo, pero hay algunas quejas que no molestan. Les traigo un pequeño ejercicio didáctico acerca de esto (bien podría estar en un libro de la SEP). Encuentra la queja que sí vale la pena:

Cero padre esto de los hospitales

Esto de no tener coche es difícil, muy difícil.

¿¡Es neta que no hay cable!?

Me duele mi pompi

Me derrito de calor

Ya quiero comer

De nuevo anda chocheando el Twitter de mi Blackberry

¡Y yo que luché por sacarle una sonrisa!

sábado, 23 de julio de 2011

De verdad, sinceridades y realidad

Si tuviera que definir lo que es la verdad, diría que es como una terrible granizada en medio de un día perfecto. Pero eso no sería todo, un granizo increíblemente frío ruede por tu brazo.

Esa verdad, eso que puede llegar a sentirse turbador, te hace reflexionar tanto que a la larga lo fatal desaparece.

A los que dicen la verdad los nombran ‘locos’ o ‘dementes’ ¿se acuerdan de la obra La Casa de Bernarda Alba? ¿Del personaje de la abuela? ¡Sí, María Josefa! Ella es la ‘loca’ porque sus palabras dicen verdades reales y poéticas. Pero ‘dementes’ no es la palabra correcta, yo diría ‘valerosos’, o ‘paladines’ tal vez.

La verdad duele, pero duele más no aceptarla. Por lo menos eso opino.

martes, 12 de julio de 2011

Conocidos y por conocer que nadie los conoce

Siempre me acuerdo de aquella frase en el libro El Guardián Entre el Centeno de J.D Salinger, “Lo que de verdad me vuelven loco son aquellos libros que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera amigo tuyo y pudieras llamarle por teléfono cuando quisieras”. Estoy segura de que varios lectores compulsivos nos sentimos directamente identificados con esta frase.

Recuerdo haber leído a Poniatowska con el deseo de por lo menos ir a una de sus conferencias. Tuve la oportunidad de ir a dos conferencias de Elenita, hasta conseguí un autógrafo en un libro. Recuerdo también que al leer a Borges percibí que el señor era un ser lleno de conocimiento, y es imposible pero cómo desearía tomarme una taza de café con él y tal vez platicar de retruécanos, la situación económica en Europa o de la cultura africana. O ¿`por qué no? ir con Orhan Pamuk a una de esas marchas pacifistas, ir con él al mercado de Estambul y que me cuente de la vida en ese lugar. Y pasar por Perú, encontrarme con Galeano y conversar de la historia de nuestra Hispanoamérica. Igualmente Pessoa junto con Soares o Reis, que al fin de cuentas eran uno mismo y eran todos a la vez, me hubiera gustado conocerlos e invitarlos a que leyeran este tan sencillo y banal blog.

Normalmente eso pasa, lees el libro, te encanta y desearías que el autor fuera tu amigo. Pero hace poco, esta situación se vio invertida en algo que ocurrió. Fui a una conferencia del escritor Hernán Lara Zabala, pues le tenía que entrevistar. La conferencia fue mucho muy interesante y platicar con él fue un gusto colosal. Incluso Vargas Llosa y Don Quijote estuvieron presentes en la charla. Debo confesar que no he leído nada de Lara Zabala pero el próximo libro que lea, después de terminar el de Michael Ondaatje, va a ser su libro Península, Península.

jueves, 7 de julio de 2011

El post más azaroso

Esta vez sólo tengo unos párrafos/fragmentos, iban a ser escritos completos pero por alguna razón no los pude concluir. Tal vez estos párrafos los creé para que estuvieran juntos en un solo texto, pero no puedo estar segura.

¿Qué pasa si este sueño es más grande que yo? Algo que más bien pareciera que no se debe/puede consolidar. Pero ¿y si no me doy por vencida? Algún día el sueño mutara pero ese día no es hoy, definitivamente no es hoy.
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Es cuando me cae el veinte de que soy una persona infinitamente afortunada, lo sabía antes, pero una vez más lo compruebo. Soy feliz con lo que tengo y con lo que soy. Si alguna vez dije que poseo mala suerte, es una gran mentira.
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En instantes como este me doy cuenta que me gustaría haber hecho muchas cosas antes y no haber esperado hasta este momento. Haber aprendido desde antes lo que estoy aprendiendo ahora. Nunca es tarde pero sí.
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La lluvia va llenando esa calle profunda y de repente hay charcos donde los niños juegan, pero aquella lluvia no dura por toda la eternidad. La lluvia se fue y este ser humano bañado en confusión no sabe qué hacer sin ella. Y cuando las gotas se hagan más gruesas y rueden por mi espalda, es ahí cuando mis poros despertarán.
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Estoy en un terreno inmenso, mis únicos compañeros son el cielo y el pasto. No sé hacia dónde ir, ni en qué lugar quedarme. Hay tanto espacio que parece que por más que camine no llegaré a ningún lado. Pero llegará el tiempo de andar ¿a dónde? No sé, pero tengo que avanzar.
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Cobertura informativa: Helena Hernández ¡no, esto no iba aquí!